14 de julio de 2014
En nuestro blog queremos seguir dando a conocer energías renovables que están ahí, que se están desarrollando y que se desconocen. Pensamos que estamos en una época de cambio hacia la eliminación de la pobreza energética, y por ello es el momento de afrontar el futuro hacia la eficiencia energética. Dentro de esas energías desconocidas se sitúa la energía minieólica.
Para conseguir un aumento en la sostenibilidad energética, el autoconsumo tiene que ser la mayor prioridad. Cada hogar, cada empresa, cada institución, debe convertirse en un punto generador de energía. De este modo, se reducirán las emisiones de carbono, mientras que el usuario pagará menos y por qué no decir que nada por su factura eléctrica.
La energía minieólica es el aprovechamiento de los recursos eólicos mediante la utilización de aerogeneradores de potencia inferior a los 100 kW. De acuerdo con las normas internacionales, los molinos de esta tecnología deben tener un área de barrido que no supere los 200 m2. Debido a su tamaño, es posible ubicar aerogeneradores en lugares que, hasta ahora, no se podía, aprovechando la fuerza del viento en todos los lugares en los que sea posible.
Dado que España es un país que disfruta de sol y viento, se convierte en un país que puede aprovecharse de las fuentes de energías renovables y limpias. Pero aún podría aprovecharse más. Aun así, España es uno de los principales países en tecnología minieólica en cuanto a potencia total instalada. La minieólica está aún por explotar. Puede crear empleo e impulsar la economía verde.
Desde el punto de vista legislativo, la energía minieólica se engloba dentro del RD 1699/2011 que establece la regulación de todas las condiciones administrativas, técnicas y económicas de la conexión a red a instalaciones de producción de energía eléctrica de pequeña potencia. A su vez, existe una normativa de fabricación de pequeños aerogeneradores, del Comité Electrotécnico Internacional CEI (Norma IEC-61400-2 Ed2) que no es de obligado cumplimiento.
En el ámbito de la investigación, el CIEMAT (Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas) y el CEDER están implicados en la investigación minieólica, liderando un Proyecto Sectorial Estratégico mediante la dirección de un grupo de trabajo para elaborar una nueva normativa para el etiquetado de calidad específico para los aerogeneradores de pequeña potencia en el marco del Comité Internacional Electrotécnico y el de la Agencia Internacional de la Energía.
Actualmente se está trabajando en nuevos convertidores electrónicos de alta eficiencia, diseñados específicamente para la minieólica.
Los productos nacionales del sector presentan una gran calidad, tanto para la integración en viviendas como para la conexión a red. Sin embargo, debido a que no existe regulación específica para instalaciones conectadas a red (excepto pequeñas instalaciones experimentales), la mayoría de instalaciones en España son aisladas.
Antes de lanzarse a lo desconocido, uno debe estar seguro de que la ubicación cumple dos condiciones básicas: que en la zona sopla suficiente viento y que se cuenta con espacio para montar una instalación así. Como paso inicial, se puede consultar en Internet el Atlas Eólico de España elaborado por el IDEA. Aun así, no solo hace falta viento, sino también que este llegue bien a la turbina sin encontrarse con obstáculos, como edificios o árboles cercanos. Por lo general, hay que asegurarse que no haya nada por delante o que no se pueda superar con una torre en una distancia determinada por el tamaño del rotor. La cuestión del recurso eólico es mucho más compleja, pero esto puede ser ya suficiente para descartar el proyecto.
Asimismo, hay que cerciorarse de que se tiene sitio para realizar el anclaje (en un tejado, en un jardín, en una nave, en una finca en el campo). En un bloque de pisos de una ciudad, esto resulta poco probable, a no ser que se viva en un ático con derecho de uso de la azotea. O que sea la comunidad de vecinos la que esté interesada en colocar una o varias miniturbinas en la azotea.
Hoy en día se pueden encontrar más de 600 modelos de miniaerogeneradores, de más de 200 fabricantes distintos. ¿Cuál escoger? El tamaño dependerá del viento, de la producción que queramos, pero también de nuestras posibilidades de anclaje. Según estudios, un aerogenerador de 1 kW de potencia (El decir que un aerogenerador tiene una potencia nominal de un 1 kW significa que esa es la capacidad máxima que puede suministrar cada hora mientras sople el viento), puede tener unas palas de 80-90 centímetros, lo que supone casi 2 metros de diámetro de rotor, que requiere de una altura semejante a una antena de televisión. Lo normal en el tejado es una máquina de unos 400 W a 1 kW, si bien, la elección de una buena máquina y de su correcta instalación dependerá que no se produzcan luego vibraciones o ruidos. Cuánto más grande más vibraciones y ruido, pero esto no tiene por qué ser un problema si se hace bien.
En una zona buena se puede conseguir entonces que esa turbina de 1 kW de potencia produzca al cabo del día unos 6-7 kWh. Por comparar, un frigorífico muy eficiente consume cerca de un 1 kWh en toda una jornada. Para generar por sí sola tanta electricidad como la que necesita un hogar esa miniturbina tiene que estar en una zona de mucho viento. Pero, aunque no se llegue a tanto, al menos sí puede reducir una parte importante de la que se consume de la red eléctrica (que dejaremos de pagar de la factura).
Aunque se están abaratando las máquinas (y en algunas comunidades se dan algunas ayudas), hoy todavía es complicado rentabilizar una de estas turbinas. La inversión puede variar entre los 3.000 y los 9.000 euros el kilovatio de potencia. La minieólica es aún bastante más cara que la fotovoltaica, si bien puede resultar más interesante para zonas del norte con menos sol y más viento.
Para conseguir hoy en día rentabilizar una de estas instalaciones se necesita mucho viento: Se asegura que en algunos puntos de Galicia por ejemplo se puede conseguir rentabilidad a 8-10 años. Cuanto mayor es el aerogenerador más rentabilidad se le puede sacar.
Además, en el caso específico de la minieólica, el Plan de Energías Renovables 2011-2020 contempla también nuevas subvenciones.
En teoría, uno ya se puede conectar a la red interna de su casa para autoconsumir la electricidad (en el RD 1699/2011 se explican los trámites). Incluso sin primar esta tecnología, se podría dejar de pagar una parte de la factura eléctrica con la energía producida por uno mismo (recuperando así la inversión). Sin embargo, para ello no sólo hace falta viento. También es necesario que sople cuando se va a consumir, pues de otra forma se perdería la energía producida. En una máquina pequeña no es tan difícil, pero sí con otras más grandes.
El balance neto permitiría inyectar a la red la electricidad que no se va a consumir (cuando no hay nadie consumiendo en casa o cuando la producción supera el consumo) y recuperar la misma cantidad de la red cuando se necesite sin tener que pagar por ella. De esta forma, si se puede reducir mucho la factura eléctrica.
Por tanto mientras no salga adelante esta normativa, la minieólica merecerá realmente solo la pena a aquellas personas que tienen mucho viento y un consumo continuado a lo largo del día, de forma que pueda absorber toda la producción. Mientras tanto el objetivo es que la administración diferencie la mini de la gran eólica
Por tanto como conclusión y resumen podemos decir que esta tecnología cuenta con una serie de ventajas:
Y una serie de inconvenientes, siendo estos directamente afectados por la normativa en vigor, que hace que ahora mismo la minieolica, solo pueda ser rentabilizada en lugares donde haya mucho viento y se produzca un consumo continuado.
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7 de julio de 2014
La semana pasada desde el blog de Gesolte empezamos, con una entrada dedicada a LEED, a realizar breves análisis de los procedimientos más significativos de certificación de la sostenibilidad en la construcción. Hoy queremos acercarnos a la Certificación BREEAM.
BREEAM (Building Research Establishment’s Environmental Assessment Method) es uno de los métodos de evaluación y certificación de la sostenibilidad de la edificación, promovido por la organización británica BRE Global en 1990, establece una metodología estandarizada en relación con el diseño sostenible y con el comportamiento ambiental de los edificios. BREEAM se puede utilizar para evaluar el comportamiento ambiental de cualquier tipo de construcción, nueva y existente, en cualquier parte del mundo. Más de 300 edificios fuera del Reino Unido han sido registrados para su evaluación.
El certificado pondera los niveles de sostenibilidad de una edificación, tanto en fase de diseño como en fases de ejecución y mantenimiento de todo tipo de edificios (viviendas, oficinas, centros comerciales, edificios industriales e incluso a la planificación urbanística) y otorga a cada edificio una puntuación final tras evaluar impactos en 10 categorías.
La unión de BRE Global Ltd (BRE) y el Instituto Tecnológico de Galicia (ITG) da lugar a BREEAM España (BREEAM ES). El órgano perteneciente a BREEAM ES encargado de trazar la estrategia de desarrollo es el Consejo Asesor y estar representado por todas las partes interesadas del sector de la edificación incluyendo proyectistas, promotores, constructores, fundaciones e instituciones medioambientales, entidades financieras y Administraciones.
Existe además un Grupo de Trabajo por cada una de los 10 ámbitos de evaluación o categorías contempladas por BREEAM y están formados por técnicos de reconocido prestigio. Su objetivo es contribuir a la mejor adaptación técnica del método a la realidad del hecho constructivo en España.
BREEAM evalúa impactos en diferentes categorías, permitiendo la certificación de acuerdo a distintos niveles de sostenibilidad, y sirviendo a la vez de referencia y guía técnica para una construcción más sostenible. A nivel general se pueden considerar diez categorías principales (Gestión, Salud y Bienestar, Energía, Transporte, Agua, Materiales, Residuos, Uso ecológico del suelo, Contaminación, Innovación) aunque pueden variar dependiendo del esquema.
El método BREEAM ES de certificación se basa en la otorgación de puntos, que se agrupan en categorías, donde se enmarcan los distintos requisitos disponibles, que pueden ser cumplidos según la estrategia seguida en el edificio.
La puntuación se obtiene multiplicando los puntos obtenidos por categoría por los pesos ambientales y sumándole los puntos extraordinarios (innovación, nivel ejemplar,…) y se obtiene una puntuación final que se representa por medio de estrellas.
La emisión del Certificado con la puntuación definitiva se emite con la evaluación, cuando el informe del Asesor se presenta a BREEAM ES con los resultados, evidencias del proyecto en cada uno de los requisitos y la calificación provisional.
BREEAM ES verifica el trabajo del Asesor y otorga una puntación general con la calificación definitiva. El Asesor es quien presenta al cliente el certificado BREEAM ES.
Para llevar a cabo evaluaciones BREEAM ES con fines de Certificación, los Asesores deben estar registrados como Asesores Licenciados en BREEAM ES.
Actualmente están ya adaptados al idioma, normativa y práctica constructiva de España los siguientes esquemas de certificación BREEAM:
BREEAM ES Urbanismo: destinada a mejorar la sostenibilidad de los proyectos urbanísticos.
BREEAM ES Vivienda: aplicable a viviendas unifamiliares y viviendas en bloque.
BREEAM ES Comercial: dirigida a oficinas, establecimientos comerciales, tanto pequeñas tiendas como grandes superficies, e industria ligera.
BREEAM ES A Medida: que permite evaluar edificios de cualquier tipología (no incluidos en Comercial y Vivienda).
BREEAM ES En Uso: que constituye una oportunidad importante de afrontar el impacto ambiental de los edificios existentes así como la mejora de su gestión.
Las principales ventajas de la metodología BREEAM frente a otras alternativas similares son las siguientes:
El método fue inicialmente desarrollado para su aplicación en el Reino Unido, por lo que durante su desarrollo inicial adolecía de aplicar criterios técnicos y regulatorios centrados en su país de procedencia, lo que dificultaba su generalización en otros ámbitos. Sin embargo, las versiones posteriores del método han puesto un énfasis especial en hacer extensible su uso a nivel internacional, favoreciendo para ello la adaptabilidad a condiciones y regulaciones locales. De esta manera, las adaptaciones que se están realizando a través de BREEAM ES facilitan la aplicación al contexto nacional
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4 de julio de 2014
La semana pasada comenzamos con una serie de entradas dedicadas a las energías renovables y su uso en una vivienda, y hablamos de la energía geotermica. Hoy queremos trata la energía de la biomasa.
Se considera biomasa a un combustible procedente de cualquier fracción biodegradable de productos y residuos de origen biológico procedente de residuos agrícolas y ganaderos, de residuos forestales, así como la fracción orgánica de los residuos industriales y municipales.
Cuando la biomasa se procesa para uso energético se convierte en un biocombustible, que puede ser sólido (astilla, pellets o pequeños cilindros de madera triturada y prensada, hueso de aceituna limpio, etc.), líquido (biocarburantes líquidos, como biodiésel o bioetanol) o gaseoso (biogás o gas de síntesis).
Por sus características, la biomasa es una de las energías renovables con mayor potencial de desarrollo en España, existe gran cantidad de biomasa aprovechable para la generación de energía de un modo eficaz y económico.
Su contenido energético puede aprovecharse a través de diferentes procesos de transformación para obtener energía útil en sus diversas formas:
El combustible habitual en España son virutas, serrines, cortezas en la industria de la madera, y cáscara de piña, hueso de aceituna o cáscara de almendra en las comarcas donde se generan (biomasas mediterráneas).
Centrándonos en nuestra comunidad, Andalucía cuenta con un elevado potencial de biomasa procedente en gran parte del cultivo del olivar e industrias relacionadas (fundamentalmente en las propias industrias del aceite de oliva), así como para calefacción en edificios y climatización de piscinas. También con estos usos se aprovechan, en menor medida, los restos de invernadero y otras maderas.
En 2012, la biomasa aportó en Andalucía el 50% del consumo de energía primaria procedente de fuentes renovables.
A continuación se incluye un cuadro comparativo de precios de energía. Se indica el precio de la tonelada, la humedad media y la capacidad calorífica para tener valores de referencia comparables. La capacidad calorífica de los biocombustibles secos es muy parecida. La diferencia radica fundamentalmente en la humedad del combustible, que es variable incluso dentro del mismo tipo de combustible.
|
Combustible |
Precio | Hum | Capacidad calorífica (PCI) | Coste del combustible €/MWh | Eficiencia Estacional |
Precio Energía €/MWh |
| Astilla de madera |
80 €/tm |
25 % | 3,85 MWh/tm | 20,78 | 75 % |
27,71 |
| Pellet de madera |
175 €/tm |
8 % | 4,85 MWh/tm | 36,08 | 75 % |
48,11 |
| Hueso de aceituna |
120 €/tm |
14 % | 4,4 MWh/tm | 27,27 | 75 % |
36,36 |
| Cáscara de almendras |
120 €/tm |
14 % | 4,4 MWh/tm | 27,27 | 75 % | 36,36 |
|
Otros combustibles: |
||||||
| Gasoil |
0,78 €/l |
10,14 MWh/l | 76,92 | 75 % |
102,56 |
|
| Propano |
1,03 €/kg |
12,88 MWh/kg | 79,97 | 80 % |
99,96 |
Es esencial para el adecuado funcionamiento del sistema de calefacción con biomasa que la calidad del combustible se corresponda con los requerimientos de la caldera.
No todas las biomasas son combustibles iguales y las calderas están diseñadas para un combustible con unas especificaciones determinadas.
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